domingo, 20 de marzo de 2005
Se iluminan tus lágrimas con los últimos rayos de la luna,
Y amanece de nuevo el sol cubriendo tu rostro de vida,
Tan bella, tan triste, oscura rosa marchita,
Te miro y se refleja en mí tu belleza,
Pura y tierna, eres tan niña, tan eterna.
Quisiera poder recorrer tu cuerpo, entre mis brazos tu alma y tu encuentro,
Quisiera, poder desteñir tu lamento, y hacer de cada lágrima una caricia del viento.
Te ves tan sola, luciendo tu oscuro atuendo,
Dulce ángel del recuerdo,
Envolviste tus deseos en negro,
Olvidaste mis caricias con tu entierro,
Dulce ángel de tormento…
Deseo volver a ver tu sonrisa,
Volver a descubrir de nuevo esa niña perdida,
Dulce ángel del recuerdo,
Entre cenizas te conviertes en hielo.
Hace tiempo que tus labios no pruebo…
El más dulce néctar de la vida convertido en muerte,
Entre cenizas, entre caricias de deshacías…
Y ahora que la última melodía suena,
No puedo volver a iluminar tu alma,
Triste… el no poder volver a recobrar tu vida,
Triste el saber que tu razón está perdida,
Con mis mentiras… te deshacías,
Con mis caricias sonreías…
Y fue mi error,
El que mató tu corazón,
Y fueron mis palabras,
Las que mataron tu alma…
Dulce ángel de la melancolía…
Por favor, regálame tu última sonrisa,
Por tu perdón moriría,
Por revivirte, mi alma en velo entregaría,
Ven a mi, dulce ángel de cenizas…
Deseo ver como entre sangre se pierde tu triste y cálida…
Sonrisa…